Los amigos de la Opera de Vigo, dentro de su Otoño lírico han programado el Rigoletto verdiano con un buen resultado y éxito de público que llenaba completamente el Teatro Afundación.

Desde el punto de vista de la producción firmada por Ignacio García, director escénico muy versátil y que sabe adaptarse a los medios disponibles en los teatros, hubo de todo. La idea de contar la historia del bufón de la corte del duque de Mantua como un recuerdo o ensueño no está mal (aunque muy vista), pero el ambiente reflejado es en exceso oscuro. Es cierto que la ópera se desarrolla en la nocturnidad tanto en el tiempo como en los hechos que narra, pero resulta extraño una corte, Duca incluido y Rigoletto, con vestuario prácticamente negro. Por otra parte la primera escena se supone una fiesta y más parecía un funeral. El decorado único formado por placas geométricas muy separadas de modo que se deja ver lo que ocurre en el fondo y a los protagonistas lo que ocurre en escena, no resultó brillante. García no utiliza ningún elemento de atrezzo, ni siquiera un triste sillón para el Duca que tiene que sentarse en el suelo. Por otra parte, con pocos ensayos, no parece que diese tiempo a dirigir escénicamente mucho más a cantantes y coro.

Musicalmente las cosas fueron de otra manera. Estupendo elenco. Luis Cansino es un barítono con una importante carrera sobre sus espaldas y este papel lo tiene muy asumido. Con voz plena, poderosa, ágil, muy bien proyectada y con contrastes construyó un Rigoletto magnífico. Su hija Gilda fue encarnada por la soprano Olena Sloia que cantó muy bien con facilidad en la zona aguda y agilidad en la coloratura. Su voz es quizá más ligera que lírica pero resolvió bien su parte. Fabián Lara cantó un Duca magnífico aunque inmaduro pero es cuestión de tiempo apoderarse de un personaje que por medios no se le resistirá. Sandra Ferrández resolvió de forma espléndida el rol de Maddalena. El barítono Manuel Mas en su breve rol de Monterone demostró la potencialidad de sus recursos.

El coro Rias Baixas cumplió eficazmente con su parte, lo mismo que la Orquesta Sinfónica de Vigo que sonó, en general, bastante bien bajo la batuta del maestro Diego García Rodríguez que estuvo muy atento a los cantantes y con tiempos y dinámicas muy coherentes.

El público aplaudió todos los números y ofreció grandes ovaciones al final de la representación.

Francisco García-Rosado

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